Fusión municipal

La “Fusión de Realejo Alto y Realejo Bajo” a mediados del siglo XX, puede considerarse –sin temor a equivocarnos– como el hecho de mayor relevancia política de la historia de ambos municipios, y, por consiguiente, en un aspecto fundamental para entender la realidad de la Villa de Los Realejos, producto de esa unificación.

Muchos autores podrían argumentar en contra de esta tesis aludiendo a momentos históricos de gran trascendencia como el estallido de la Guerra Civil o la restauración democrática en los Ayuntamientos de 1979; sin embargo, estas etapas –cuya importancia es incuestionable– se ponen de manifiesto en nuestro municipio como respuesta a un proceso de mayor envergadura que afecta a todas las administraciones del territorio nacional. La “Fusión”, por el contrario, es un proyecto genuinamente realejero, presente en la vida cotidiana de ambos pueblos desde su constitución como tales y que aspiraba a “oficializar” unas relaciones puestas de manifiesto en todos los niveles (económico, político y sociocultural) como lo demuestra el nacimiento de “Los Realejos” en el año 1955.

Realejo Bajo
Imagen del Realejo  Abajo

El camino hacia la unión se inicia, no obstante, mucho antes. Si tomamos la fecha de 1814 como la posible para la creación del primer Ayuntamiento Constitucional de Realejo Alto –tal y como podemos comprobar en la documentación conservada en el Archivo Municipal-, las corporaciones tardaron poco menos de una década en llevar a efecto la primera unión de hecho de Realejo Alto y Realejo Bajo, materializada en febrero de 1823. Apenas se pudo formalizar nada; la restauración del Antiguo Régimen implicó una vuelta atrás que devolvía a ambos pueblos a su antigua condición en octubre de aquel mismo año.

Un segundo intento se produciría en 1836, al amparo de la nueva Constitución vigente. Ni siquiera se llegó a instaurar un único Ayuntamiento, ya que el gobierno electo con carácter interino, había celebrado apenas dos sesiones cuando se le comunicó la vuelta al “status quo” anterior.

El siglo XIX representa, como hemos visto, una etapa verdaderamente hostil para el deseo de fusión de ambos pueblos. La inestabilidad política propia de esa centuria se refleja en la frustración de las Corporaciones en todo intento de unificación, hasta el punto de abandonarse la idea durante casi noventa años.

Así es, habría que esperar hasta 1925 para ver incluido en las Actas de Pleno del Ayuntamiento de Realejo Alto algún punto del orden del día referente a la fusión con el Realejo Bajo. En la sesión del cinco de julio de ese año se aprueba la unión, pero, apenas unos días después, algunos concejales se retractan de su voto ya que las condiciones estipuladas en el acuerdo no parecen convencer a los ediles ni a un buen número de vecinos. Por primera vez en el largo proceso de la fusión, nos encontramos en la documentación un sentimiento de rechazo popular por este asunto. Esta hostilidad explica que la cuestión se resolviera en los tribunales, anulando la Audiencia Provincial el acuerdo dos años después.

El último intento antes del definitivo de mediados del XX, es reseñable por su carácter anecdótico. En 1928 visita Canarias el Jefe del Gobierno, Miguel Primo de Rivera; enterado del asunto fallido de la fusión, se muestra especialmente interesado, tomando partido por la unión e incluso proponiendo el redundante nombre de “Realejos del Rey” para el futuro municipio. Un informe de la Comisión Municipal Permanente de Realejo Alto de finales de 1928 desaconseja por completo retomar la cuestión, ya que aún está presente la discordia generada en 1925.